Las informaciones están ahí para todos, pero el diferencial está en usarlas de forma adecuada.

martes, 1 de febrero de 2011

Forecast de la industria del aluminio en 2011

 
El mercado mundial de aluminio debe mantener el alza de precios iniciada a mediados de 2010, gracias a la mejora de los mercados cruciales como los transportes y la mejora de las viviendas. El precio del aluminio subió un 38% desde julio, lo que aumentó las ventas y probablemente mejoró el desempeño de empresas como Alcoa, así como Rio Tinto y la rusa UC Rusal. El alza del aluminio, usado en diversos productos industriales y considerado indicador de la demanda de las fábricas, refleja un mercado de uso final muy fuerte y cortes en la producción, principalmente en China.
La construcción de nuevas casas y las ventas de automóviles y aviones muestran signos de fortalecimiento en el mundo, especialmente en Estados Unidos, segundo mayor consumidor de aluminio del mundo. Los economistas dicen que la construcción de nuevas casas debe aumentar un 17% en 2011, ante un 7,3% en 2010. Las ventas de autos, que subieron un 11% en 2010, deben subir un 12% en 2011. Barclays Capital Equity Research prevé que el consumo de aluminio va a crecer un 8,1% en 2011, ante la expansión del 7,9% en 2010.
            El precio del aluminio ha flotado en la franja de 2.400 a 2.500 dólares por tonelada. Los analistas prevén que el precio subirá a 2.700 dólares la tonelada este año. Aunque es correcto que Alcoa, UC Rusal y Río Tinto se beneficiarán del alza del aluminio, buena parte de las ventas ya fueron cerradas y puede tardar meses hasta que los precios mayores se reflejen en la facturación y en los ingresos.  Los precios del aluminio están bajo la influencia de la demanda de inversores financieros y de los usuarios reales del metal. La actual prisa por los commodities proporciona un piso firme para los precios, pero rápidamente podría desaparecer haciendo los precios tambalear. Esto era visible en junio, con los miedos que circundan a Europa asustando a los inversionistas.
El Commerzbank destacó que el aumento de la capacidad de producción en el complejo de fundición de la Emirates Alumium, en Abu Dabi, que alcanzó la meta de 750 mil toneladas por año, va a pesar sobre los fundamentos del metal. Los stocks de aluminio en el London Metal Exchange (LME) están en 4.435.000 toneladas, un alza de 162.600 toneladas en una semana[1].
El momentum del sector también puede ser cohibido por dos factores. Producir aluminio demanda vastas cantidades de electricidad y el alza en los costos de la energía puede corroer los beneficios. Además de eso, si las productoras aumentaran la oferta para aprovecha el ascenso del precio, el exceso de aluminio en el mercado probablemente derrumbará los precios. Pero Leo Larkin, analista de metales y minería de Standard & Poor's, dice que las tres mayores productoras de aluminio del mundo responden por un 48% de toda la producción, lo que debe mantener la oferta equilibrada con la demanda.  “Con tamaña concentración, creemos que la reanudación de la capacidad ociosa en respuesta la mejoría de las condiciones del mercado será más racional (…) Es probable que eso reduzca la volatilidad de los precios y de los ingresos del sector”, dijo[2].
El wild card de ese escenario es China, la mayor consumidora mundial de aluminio, que generalmente produce cerca de 16 millones de toneladas por año. Para Reuters, la capacidad de fundición de aluminio en China, incluyendo la capacidad que fue construida pero no comenzó la producción era de más de 21 millones de toneladas por año a finales del 2010[3]. Pero la capacidad de operaciones era de aproximadamente el 70% del total, basado en la producción de metal oficial en Noviembre, y la capacidad a funcionado con bajo suministros de energía desde finales de diciembre en algunas provincias como Henan, la principal provincia china productora de aluminio. En Henan, los cortes de suministro de energía forzaron a las fundiciones de aluminio a reducir las operaciones.
Guizhou representa casi el 10% de la capacidad de fundición de aluminio del país."Recibimos señales (oficiales) de que esta semana los suministros de energía pueden ser cortados. Si el tiempo no mejora la próxima semana probablemente tendremos problemas", dijo una fuente. Los suministros de gas natural fueron cortados en las fundiciones de aluminio en la provincia de Henan.
El país cerró algunas fundiciones para disminuir la polución y el consumo de electricidad, reduciendo la producción en 1,3 millones de toneladas. China ha ido de un "grow at any cost" a un "grow at a reasonable cost and with some regard to pollution and enviromental issues”. Los observadores del mercado no saben hasta cuando esas fundiciones de aluminio quedarán desactivadas. Buena parte del aluminio del país es producido en fundiciones pequeñas y medianas que son empleadoras importantes en esas regiones. Si esas funciones quedaran desactivadas por mucho tiempo, puede aumentar la presión para que sean reabiertas.
A pesar del alza en la demanda y en el precio, cerca de 4 millones de toneladas de aluminio están estocadas en almacenes del mundo. Cerca de un 70% de ese stock ya está comprometido con contratos futuros, lo que efectivamente elimina la porción disponible para los actuales compradores. Aunque el escenario de los stocks de aluminio aparenta ser negativo debido al exceso de reservas, no es tan negativo cuando se piensa porque buena parte del stock ya está comprometido e indisponible para el mercado. Para las productoras mundiales de aluminio, las “fuerzas del mercado” parecen favorece los resultados del cuarto trimestre.
Con la mayor parte de los analistas que tienen al aluminio como su "least preferred" en la lista de metales, el contraste entre sus puntos de vista menos entusiastas y el optimista cuatro trimestre de Alcoa es marcado[4]. Alcoa inició la temporada de resultados con un beneficio neto de 258 millones de dólares durante el cuarto trimestre del año, tras haber abandonado las pérdidas acumuladas en los últimos dos años. Sus ingresos crecieron un 4%. Alcoa prevé que la demanda global de aluminio suba durante 2011, especialmente en mercados emergentes como India y Vietnam. “Ellos acelerarán su crecimiento, lo que nos hace pensar en otro gran año para la demanda de aluminio. El 12% es nuestro número”, explicó Klaus Kleinfeld, jefe ejecutivo de Alcoa.[5]






La demanda industrial en Medio Oriente y América Latina provoca una necesidad en todo el mundo de productos manufacturados y ese crecimiento podría mover en ascenso las tasas de inflación, dijo Kleinfeld[6]. Alcoa espera que todos sus mercados finales crezcan en 2011, incluyendo el aeroespacial, los autos y construcción y turbinas de gas industriales. "Cuando el mercado se convierte en más demanda que suministro, hay posibilidades que se vuelva la inflación", dijo Kleinfeld.
La inflación ha sido baja, pero esto podría cambiar si el gap se ensancha entre el suministro limitado de bienes disponibles y la creciente demanda por esos bienes. Las ordenes para aerospace, como aeroplanos, se triplicó en 2010 en relación con 2009. La demanda de camiones pesados y remolques aumentó el 25%. La compañía -un indicador clave de la demanda global para la producción porque el aluminio es usado en todos, desde aviones hasta aplicaciones- proyecta una duplicación de la demanda global para el aluminio para 2020. De todas formas, la demanda es más fuerte en algunos países que en otros. "Algunas regiones se mecen y no rugen como antes. Y hay algunas regiones que vuelven despacio, como Norteamérica y Europa, saliendo de la crisis financiera", dijo Kleinfeld.
En 2010, la demanda de aluminio en China creció aproximadamente 21%, pero se espera que el crecimiento sea de sólo el 15% en 2011. La demanda en Medio Oriente, Asia y la mayor parte de Latinoamérica subirá 24%, en relación al 7% de 2010. Algunos analistas piensan que la proyección es demasiado atractiva. John Tumazos, presidente de Very Independent Research en Holmdel, cuestionó el 12% de la demanda para 2011. "Para conseguir un 12% de la demanda este año, la industria automovilística mundial tendría que ser muy fuerte, y cada región del mundo tendría que ser muy fuerte", dijo.



Alcoa opera en 31 países incluyendo a Brasil, Australia y Canadá, vendiendo el aluminio en dólares y pagando sus costos en divisas locales. El dólar australiano se apreció 5.8% contra el dólar estadounidense en el último cuarto, el dólar canadiense avanzó 3,1% y el real brasileño ganó 1.6%. Las divisas van contra ellos. La gente que solo mira el precio del metal tiene una respuesta incompleta. Los ingresos pueden también ser restringidos por la soda cáustica, que usada en el tratamiento de bauxita, el mineral usado para hacer el aluminio. La soda cáustica en Norteamérica estaba en un promedio de 452 dólares por tonelada en el cuarto trimestre, 380 dólares costaba en el tercer trimestre.
            Alcoa planea reiniciar en el primer semestre del año tres fundidoras en Estados Unidos que están paralizadas por la crisis, lo que elevará su producción. La producción de aluminio de Alcoa subirá en 137.000 toneladas métricas durante el 2011 y en 200.000 toneladas métricas en base anual. Una vez que el reinicio de las fundidoras esté completo, Alcoa tendrá 674.000 toneladas métricas de capacidad ociosa remanente.
            Alcoa reiniciará las actividades en Massena East en Massena, Nueva York; Wenatchee Works en Malaga, Washington; e Intalco en Ferndale, Washington. La compañía podrá firmar contratos de abastecimiento de energía de largo plazo para las plantas de Wanatchee y Massena que fijen los precios de energía a un 40% por debajo de los promedios mundiales. La planta de Intalco está operando bajo su contrato a 17 meses.
Durante la caída de la economía global, Alcoa paralizó plantas y recortó empleos. Desde entonces implementó recortes de gastos que deberían permitir un aumento en su utilidad este año. “Es un escenario un poco más optimista para la empresa”, dijo Larkin. “En adelante, los costos para la empresa serán menores. Las deudas fueron reducidas. Las operaciones de downstream de Alcoa finalmente se están recuperando, especialmente en Rusia”.
            Rio Tinto, que produce varios metales y minerales, está invirtiendo más de sus ingresos en la expansión de las fundiciones de aluminio. La empresa informó el mes pasado que va a invertir 758 millones de dólares en la primera fase de una nueva tecnología de producción más eficiente en sus fundiciones canadienses.
            Rusal informó en diciembre que espera un 2011 más lucrativo. El objetivo del grupo ruso es refinanciar 11.7 mil millones de dólares adeudados este año, comenzando un fresh chapter en la compañía con una reestructuración. Después de casi un año de negociaciones arduas con un club de acreedores extranjeros, Rusal reestructuró alrededor de 17 mil millones de dólares de deuda después que la crisis de crédito global lo empujó al borde del desastre[7]. “Varios factores indican perspectivas positivas en el mercado de aluminio: la recuperación del mercado doméstico, la expansión de la actividad económica en Alemania, en América del Sur y en Asia y el spot premiums batiendo récord, en parte debido a China, que se hizo importadora de aluminio”, afirmó Rusal en un comunicado.
"Desarrollamos nuestro negocio en China, vendiendo nuestro aluminio, y comprando grandes volúmenes de materias primas en China", sostiene Rusal, que considera entre otros préstamos buscar 400 millones de dólares para financiar los proyectos para completar la primera etapa de una fundición de 2 mil millones de dólares en la ciudad siberiana de Taishet. El proyecto fue congelado después de la crisis financiera de 2008.
Rusal, por sus fundiciones de aluminio Bratsk, Krasnoyarsk, Novokuznetsk y Sayanogorsk, así como Siberian Urals Aluminium Company, firmaron contratos de energía que son necesarios para que la compañía participe de la compra de electricidad en el mercado al por mayor hasta 2027. Estos contratos asegurarán a Rusal los beneficios de tarifas de electricidad estables a largo plazo con el acceso al mercado al por mayor y la continuidad de contratos de suministro de largo plazo con los mayores proveedores de electricidad[8].Además, el Ministerio de Energía ruso está comprometido para asegurar cambios en las reglas del mercado al por mayor de energía eléctrica para asegurar la demanda de la capacidad generadora, introducida en el marco de energía, firmando contratos directos a largo plazo de venta de electricidad.
Como consecuencia de esto, Rusal podría vender su único fabricante de aluminio primario en Ucrania, ZALK. O a lo sumo parar su producción debido a los altos costos de la electricidad. La planta, en el centro de Ucrania, cortó la producción de aluminio a 50.00 toneladas en 2009 de las 112.800 de 2008, luego lo redujo con relación a aproximadamente 25.000 toneladas en 2010[9].
Los players más globales amplían sus capacidades. Las firmas indias establecen nuevas plantas. Se espera que la demanda de India sea más rápida, con su crecimiento industrial sostenido con ímpetu, sobre todo en los usuarios principales de industrias ligadas al aluminio como bienes inmuebles, autos e ingeniería[10]. Los productores indios de aluminio están en una buena posición, con el alza de los precios del aluminio. Pero han tenido un mal resultado comparado con otros commodities como el cobre. La pregunta es si esto cambiará en 2011, ya que esto determinará cuánto destinarán los inversionistas en stocks de aluminio. Desde ahora, hay poco para sugerir sobre un movimiento fugitivo en los precios del aluminio. En 2011, las firmas indias se beneficiarán más de sus capacidades adicionales, que contribuirán a un mejor funcionamiento financiero.





[1] Indiainfoline, “Commerzbank maintains global aluminum supply still plentiful”, (17/1)

[2] The Wall Street Journal, “Aluminum Makers Ride Price Increases”, (10/1)

[3] Reuters, “China icy weather hits metal smelters in Henan, Guizhou”, (13/1)

[4] Business Spectator, “Alcoa foils its doubters”, (11/1)

[5] Bloomberg, “Alcoa Heads to Highest Profit in 2 Years on Aluminum”, (11/1)

[6] The Wall Street Journal, “Alcoa Shines as Aluminum Prices Rise”, (11/1)

[7] Worldal.com, “RUSAL aims to refinance $11.7 billion debt in 2011”, (27/12/2010)

[8] Steel Guru, “RUSAL and ministry of energy agree on wholesale electricity market”, (3/1)

[9] Reuters, “RUSAL may halt or sell Ukraine plant, power costly”, (11/1)

[10] LiveMint, “Demand prospects bright for aluminium”, (29/12/2010)


El factor de la especulación financiera en los precios de los commodities agrícolas




La carrera de los precios de los commodities a nivel mundial pone sobre la mesa nuevamente el debate respecto del rol de los especuladores financieros en algunos países, una perspectiva que podría propiciar un backlash regulador por parte de los gobiernos para controlar los precios de los alimentos. Indudablemente, los precios de muchas materias primas se habrían elevado de todos modos en respuesta de dos factores: el creciente suministro y demanda[1]. La tentación es culpar a los especuladores.
La nueva teoría surge entre, políticos, traders y economistas. Los mismos bancos, hedge funds y financieras cuya especulación en los mercados de dinero global causaron la crisis de las hipotecas sub-prime, causan inflación en los precios de los alimentos. El cargo contra ellos es que aprovechando la desregulación del mercado de materias primas global, hacen miles de millones de dólares en especulación con alimentos y causan miseria en el mundo entero.
Con intereses prácticamente erradicados en el mercado norteamericano, los grandes inversores estarían migrando a aplicaciones más rentables, de entre ellas los commodities agrícolas. Es algo difícil de comprobar en número, pero hay señales de que esos inversores estén migrando a contratos a futuros con productos agrícolas. Creados para proteger financieramente al agricultor de las incertidumbres del campo, los contratos futuros pasaron a ser también fuente de ganancia para todo tipo de inversor, como los hedge fund.
Cuanto mayor es el volumen de los contratos negociados, mayor es la tendencia a alza de los commodities agrícolas y, en consecuencia, del precio de los alimentos en las estanterías. Aunque vale resaltar que la presencia de diversos inversores en el mercado futuro de commodities no llega a ser el principal responsable pero sí un factor adicional. Podemos decir que el especulador pone leña en la hoguera, o sea, busca una inversión con tendencia alcista y acaba contribuyendo al alza.
Según Nobuyuki Chino, presidente de Unipac Grain, compañía de trading de commodities con sede en Tokio, sostiene que “los precios del trigo estadounidense estarían más cercanos a los 6 dólares por bushel comparado con los cerca de 8 dólares si no existiera ningún interés especulativo. El maíz debería negociarse alrededor de 5 dólares por bushel contra los 6.5 por bushel de la actualidad, la soja alrededor de 13.20 dólares, comparados con los 14 actuales", dijo. Otros son escépticos respecto a determinados discursos, como algunos estudios que sostienen que la especulación añadió del 20 al 30% a los precios de mercado, sin encontrar una justificación de la razón de esa alza.
Una de las dificultades de los reguladores y de los agentes del mercado es mensurar el tamaño del público especulador, ya que, en el sistema financiero, no existe esa distinción. Una señal de ese movimiento puede ser el volumen de contratos negociados.
A mediados de octubre, los inversores tenían más del 50% de las posiciones largas de maíz y semillas de soja y el 41% del trigo del Chicago Board of Trade, según datos de la FAO. La Commodity Futures Trading Commission de EEUU ha propuesto limitar los participantes del mercado al 10% de los primeros 25.000 contratos de futuros de materias primas y al 2,5% de ahí en adelante. Hay pocas pruebas concluyentes que indiquen que los especuladores han provocado un incremento de los precios. La liquidez que proporcionan los operadores no agrícolas ha reducido la volatilidad, según un estudio de la OCDE. Los límites al comercio reducirán la eficiencia del proceso de descubrimiento de precios.


[1] The Wall Street Journal, “Food-Price Rise Puts Focus on Speculators”, (26/1)


¿Son eficaces las medidas de los países emergentes para contener los aumentos de precios de los alimentos?



Las naciones emergentes en rápido crecimiento llevan a cabo acciones cada vez más agresivas para hacer retroceder los aumentos de los precios de los alimentos. Los gobiernos de los mercados en desarrollo implementaron una serie de medidas -fijación de precios, prohibiciones a exportaciones y reglas para contener la especulación de commodities- para impedir que los costos de los alimentos perturben el desarrollo de sus economías. Algunos economistas están preocupados de que los supply shocks podrían impulsar aún más los precios, provocando una crisis de los precios de los alimentos como se atestiguó en el mundo en 2008, cuando los costos más altos de los alimentos condujeron a un violento malestar en el mundo en desarrollo[1]. En varias partes del mundo los aumentos explosivos de los precios de los alimentos se habían convertido en una peligrosa bomba social.
En algunos países se han prohibido las exportaciones de grano, para asegurar la oferta local. En otros se ha recurrido a subsidiar el precio ante la amenaza de tensiones sociales. El aumento del precio de los alimentos ya ha provocado numerosos disturbios en países como Argelia y Mozambique. En Argelia, el Gobierno suspendió los derechos aduaneros y los impuestos a las importaciones de azúcar y aceite de cocina tras unos disturbios por los alimentos.
Indonesia eliminó los aranceles a la importación de trigo, soja y alimento para ganado. Los crecientes costos de los alimentos impulsaron la inflación anual a diciembre a 7%, el nivel más alto en 20 meses. Indonesia también planifica aumentar los impuestos sobre el aceite de palma para exportar del 20 al 25% el próximo mes.
El mencionado mal tiempo, poblaciones más abundantes y una inversión baja en agricultura hizo subir el precio de todos los productos agrícolas. Algún punto de baja de tasas de interés en Estados Unidos, Japón y Europa, así como los inversores usan la financiación barata para invertir en materias primas negociadas a escala mundial como el arroz, el azúcar, el algodón y el aceite, conductores del alza de precios. Los precios de los frijoles de soja, por ejemplo, se han elevado en los últimos seis meses 46% a más de 14 dólares por bushel en el Chicago Board of Trade.
En respuesta a las presiones de precio, India amplió, a principios de enero, la prohibición de exportar lentejas y aceite de cocina. Esto también golpeó un acuerdo con su archirival Paquistán para importar 1.000 toneladas de cebolla, un ingrediente clave en la cocina. Los precios de la cebolla, un alimento muy consumido en la India, donde se toma directamente o como base del “curry”, casi se triplicaron a finales de diciembre por la escasez del vegetal tras una mala cosecha y llegaron a alcanzar incluso las 100 rupias por kilo (2,21 dólares) en algunos lugares, algo prohibitivo para las clases menos pudientes. China y varios países de Medio Oriente instituyeron o reforzaron los controles de precios en curso. Corea del Sur bajó las tarifas de importación de algunos productos alimentarios. Indonesia animó a sus ciudadanos a plantar ajíes para aumentar el suministro. Además de quitar las tarifas, Indonesia planea gastar cerca de 331 millones de dólares para ayudar a los residentes perjudicados por las fluctuaciones de precios y llamar también a otros países en desarrollo para evitar acumular arroz o restringir las exportaciones de arroz, medidas que contribuyeron al pánico en 2008.
            China, por su parte, tiene que alimentar a la enorme población del país lo que puede generar una fuerte amenaza a su futuro crecimiento económico y a la estabilidad social. Desde 1997, China ha perdido unas 8,2 millones de hectáreas de tierra arable a causa de la urbanización, la industrialización, la reforestación y el daño causado por los desastres naturales. 37% del territorio de China sufre degradación, lo que amenaza la capacidad del país de mantener los actuales niveles de producción agrícola.[2] Sin acciones de mitigación que incluyan un viraje hacia una agricultura baja en carbono, el cambio climático hará caer entre 5 y 10% la productividad agrícola para 2030. Y la tierra disponible por persona en el país representa 40% del promedio mundial.
            En 2010, China registró su séptimo récord consecutivo en materia de cosecha de granos, con una producción de 546 millones de toneladas. Las actuales reservas de granos exceden 200 millones de toneladas y la autosuficiencia de estos alimentos fue de 95% en la última década. China ha desarrollado una política de seguridad alimentaria que es en buena medida autónoma, con apenas un pequeño porcentaje de productos agrícolas importados, lo que significa que este gigante asiático resulta apenas levemente afectado por el aumento de los precios mundiales.
Rusia podría imponer precios máximos para algunos alimentos como la papa, en momentos en que enfrenta un aumento de las presiones inflacionarias después de que una sequía en el verano boreal arruinó un tercio de la cosecha del país.[3] En diciembre se celebran elecciones parlamentarias, y los altos precios son mencionados por los votantes como una preocupación central en los sondeos de opinión.
Es confuso si estos últimos movimientos serán suficientes para contener los aumentos de precios o si son un precursor de algo más drástico, y potenciales acciones de desestabilización más tarde, como las barreras comerciales y otras medidas gubernamentales. Algunos economistas consideran que pasos como el control de precios no ayudan porque deforman los mercados y desalientan a los agricultores a plantar más cosechas. En cambio, grupos como el Banco Mundial y Naciones Unidas presionaron a los gobiernos para aumentar más agresivamente la inversión en nueva producción e infraestructura agrícola entre lo que incluye la irrigación, instalaciones de almacenaje y caminos farm-to-market. La inversión aumentó en muchos países, pero no ha sido suficiente para emparejar la creciente demanda.
Y ahora el cuarto elemento de la crisis alimentaria 2007-08 emergió. Durante las últimas semanas, los países en vías de desarrollo han hecho órdenes por excepcionalmente grandes cantidades de alimentos básicos, sobre todo trigo y arroz, o han anunciado proyectos para construir stocks. El resultado: los precios de las materias primas agrícolas internacionales ya crecieron exponencialmente[4].
La aceleración de las compras ocurre en un amplio espectro de países en vías de desarrollo. Argelia compró recientemente 800.000 toneladas de trigo, llegando a un total de 1.7m de toneladas desde principios de año. Aunque el país norteafricano sea uno de los mayores importadores mundiales de trigo, comprando entre 5.0-5.5 m de toneladas al año, sus compras hasta ahora en 2011 supera el modelo normal. Y Arabia Saudita planea duplicar el tamaño de sus stocks de trigo para cubrir la demanda de un año[5]. Bangladesh, uno de los mayores importadores de arroz, aumentó su objetivo de importación del grano a 1.2 m de toneladas, por encima de la estimación inicial de 600.000 toneladas. Badrul Hasan, director del Directorate General of Food, dijo que la razón era "panic buying" entre la población del país.
Los aumentos de las tasas de interés, que a menudo se usan para contener la inflación, tiende a tener un efecto limitado sobre el precio de los productos de alimentación en el corto plazo, ya que los precios a menudo son dictados por la oferta y es difícil aumentar la producción rápidamente. Pero no haciendo nada, cabe la posibilidad que los aumentos de los precios de los alimentos se escapen a otras partes de la economía, como los consumidores y los negocios.
Las economías con bajos ingresos son más sensibles a la inflación de alimentos porque el pobre gasta un porcentaje más alto de sus ingresos en alimentos.  Una suba de los precios de ingredientes básicos puede provocar angustia en habitantes de barrios pobres.


[1] The Wall Street Journal, “Emerging Nations Tackle Food Costs”, (25/1)

[2] The Guardian, “How can we feed the world and still save the planet?”, (20/1)

[3] The Moscow Times, “Food Price Control Possible”, (25/1)

[4] Financial Times, “Commodities daily: Seeds of a fresh food crisis”, (27/1)

[5] The Wall Street Journal, “Big Algerian Wheat Purchase Spooks Traders”, (27/1)

viernes, 28 de enero de 2011

Déjà vu. Aumentos de precios e inflación


* El aumento de los precios de las materias primas está afectando desigualmente a los países industrializados y a aquellos en desarrollo. El peso de la alimentación en la cesta de la compra supone en los países en desarrollo más del doble que en los desarrollados. Esto explica el mayor impacto relativo en el IPC en los primeros de la espiral alcista del precio de los alimentos. Las economías desarrolladas, con un exceso de capacidad productiva, se enfrentan a un alto endeudamiento a problemas derivados de un elevado desempleo y a un riesgo de deflación. Por eso no solo aceptan el aumento de los precios, sino que en algunos casos, como los Estados Unidos son un resultado buscado por su política económica. En los países en desarrollo, donde la capacidad productiva se encuentra altamente utilizada, las autoridades están más pendientes de controlar su crecimiento para evitar un sobrecalentamiento de sus economías. El alza de los precios de los granos, de la energía y de los metales supone un reto importante. Es cierto que, el ciclo de la inflación de los alimentos es más breve que el de otras materias primas. Las cosechas, dado que son anuales pueden responder con mayor rapidez a un aumento de precios que la producción de energía o de minerales. Por otro lado, los aumentos del precio de los alimentos tienen fuertes repercusiones en países emergentes, con una mejor renta per capita, mientras que el alza de los precios de la energía y metales afecta más a los costos de producción y tienen una menor incidencia en el IPC.
La inflación es el tema del momento en el mundo y será uno de los grandes dilemas de las políticas económicas en 2011. Después de dos décadas, volvemos a observar una nueva inflación global, ahora con origen en los países emergentes. La fuente de la inflación son las commodities, elevadas por la creciente demanda asiática y las dificultades locales en la producción de alimentos. El alza de los precios de las commodities genera presiones en diversas economías, en diferentes prácticas de recuperación, incluso en la Europa sumergida en una crisis de deuda soberana[1]. Las estrategias de inversiones pasan por la perspectiva de una respuesta de las autoridades monetarias que enfrentan el problema.[2]
El aumento del valor de las commodities ya es objeto de queja en el viejo continente y entra en la agenda del G-20 este año. El proyecto del gobierno francés de regulación de esos mercados es la prueba de una inversión política internacional que desplazará a otras discusiones en la OMC. También reside ahí el tema de la guerra de monedas. Después de reivindicaciones de países emergentes, ante la crisis en los países ricos, ahora los reclamantes se invierten.
            Una de las eventuales consecuencias de un repunte inflacionario es que los bancos centrales comiencen a adoptar políticas monetarias restrictivas, que consisten en elevar las tasas de interés de referencia –que son las empleadas por los bancos para fijar el costo del crédito a empresas y personas-, que han permanecido bajas como medida para estimular la actividad económica después de la crisis. Si las tasas de interés llegaran a subir, el costo del crédito será mayor tanto para los deudores como para las empresas y personas que requieran de financiamiento para sus actividades productivas o el consumo de bienes y servicios. En Europa, el Banco Central Europeo (BCE) advirtió que está listo para subir sus tasas si es necesario para combatir la inflación[3]. "En nuestro caso, consideramos que la inflación subyacente no es necesariamente un buen predictor de la inflación futura", dijo el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet al diario The Wall Street Journal.[4]
En China, el banco central aumentó nuevamente los requerimientos de reservas a los bancos comerciales, lo que constituye una medida monetaria restrictiva[5]. Incluso en Estados Unidos, la Fed se mostró meno preocupada por la posibilidad de deflación y más optimista respecto a las perspectivas de crecimiento para este año. Los países con posiciones fiscales débiles en Europa se verían negativamente afectados por un incremento en las tasas de interés, lo que aumentaría la probabilidad de incumplimiento y generaría mayor incertidumbre y nerviosismo sobre el sistema bancario europeo.
La situación de los países en desarrollo es hoy completamente diferente de la del pasado. La crisis de 1929, por ejemplo, partió de una superproducción de alimentos que provocó depresión mundial. El café en Brasil llegó a ser quemado con la caída de las cotizaciones internacionales. Había un fuerte deterioro en los términos de intercambio que perjudicaba a América Latina, mientras ahora se verifica exactamente lo opuesto.
Con la saturación de las políticas anti-cíclicas, iniciadas con la crisis de 2008, los países están lanzándose a las exportaciones, lo que puede generar un proceso agudo de caída en los precios de los manufacturados. Eso crearía un fenómeno tan curioso cuanto imprevisible en las relaciones económicas internacionales, con dos situaciones polares: la inflación de los alimentos y deflación industrial. Uno de los grandes riesgos está en los precios de la energía. La cotización del petróleo en el mercado mundial volvió a acercarse a los 100 dólares, el nivel más alto en los últimos dos años.  En el caso del doble efecto del aumento en el precio del petróleo sobre la economía internacional –en la crisis de los años 70- preponderó la fuerza inflacionaria.
El sistema político internacional debe sufrir cambios de tendencias si el viraje en los precios perdura. Las certezas en cuanto al cambio de guardia en el orden mundial a favor de los emergentes quedan sacudidas con tantas contradicciones. Por ejemplo, Brasil, aunque sea exportador de productos básicos, tiene ahorro y depende de los capitales foráneos. Esas inversiones se deterioran con el aumento de la inflación, fragilizando la estabilidad que fortalece la política exterior.
Para una economía tan grande y con datos no fiables, es imperativo para investigadores e inversores recolectar tanta información como sea posible. Después de los datos de la inflación del National Bureau of Statistics (NBS) de diciembre pasado, los inversores deberían preguntar cual es el número real de inflación, según Diana Choyleva, directora del Lombard Street Research en The Wall Street Journal.[6] El gobierno chino fijó una meta del 3% para la inflación del 2010, objetivo que no obstante se hizo inalcanzable después de que la inflación se disparara un 3,2% en los primeros 11 meses, principalmente impulsada por el incremento de los precios de los alimentos. En noviembre, la inflación alcanzó el 5,1%, la cifra más elevada de los últimos 28 meses. Los precios de la vivienda en China llevan un tiempo altos, y parece que le sigue una creciente serie de otros bienes. La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma anunció a finales de diciembre un crecimiento de 3,77% en los precios de la gasolina, al equivalente de 3,50 dólares por galón, un alza de 11% en aproximadamente un año[7].
 Por eso, China viene actuando para contener los precios. Lanzó una serie de medidas para contener los precios, con dos alzas de los intereses, una ligera valorización de la moneda, menor disponibilidad de crédito, controles de precios e iniciativas para erradicar la especulación ilegal en los alimentos. Y puede haber conseguido buenos resultados. La inflación al consumidor anual en diciembre habría reculado a un 4,6% del 5,1% en noviembre. Los números, que no son oficiales, fueron divulgados por los medios chinos. Esas informaciones sostienen también que el PBI chino habría crecido un 10,3% el año pasado, un poco por encima de la previsión (de un 10,1%).



Las informaciones ayudaron a reducir la expectativa de los mercados de que las autoridades chinas tendrán que adoptar más medidas agresivas para desacelerar el crecimiento[8]. A pesar de las proyecciones que apuntan a una contracción económica, China continuará siendo el motor de crecimiento para muchas economías este año, especialmente para los países exportadores de commodities.
Debido a que la inflación suele provocar una amplia preocupación entre el público, están creciendo las expectativas de un nuevo incremento de las tasas de interés que reconoce que es muy posible que el Banco Popular de China, el central del país, aumente las tasas de interés hasta tres veces en 2011, especialmente durante la primera mitad del año. Además, China podría permitir que el controlado yuan se aprecie un poco más aceleradamente este año, como parte de sus esfuerzos por frenar la inflación. Se espera que el yuan llegue a las 6,3 unidades por dólar a fines del 2011.
Si Beijing realmente tiene la intención de tomar medidas drásticas contra la inflación, necesita controla la expansión de los préstamos. Cuando se trata de préstamos, las intenciones de Beijing –y su control sobre la situación- son difíciles de entender. Incluso si la meta de Beijing para los préstamos nuevos en 2011 fue reducida en alrededor del 10%, a cerca de 1 billón de dólares, como los economistas ahora piensan, sigue siendo una tasa bastante alta. Desde el 2006 hasta el 2008, antes que las tasas para los préstamos fueran elevadas significativamente para impulsar el crecimiento económico, la actividad crediticia sólo promediaba poco más de medio billón de dólares al año. El año pasado, el volumen de préstamos superó el límite oficial y los bancos estaban, además, concediendo un monto sustancial de créditos “en la sombra”, que son dejados fuera de las hojas de balance[9].
Las altas tasas de inflación en China, por otra parte, pronto pueden ser sentidas en las orillas estadounidenses. Para los exportadores norteamericanos, esta no es una mala noticia. La administración Obama se ha quejado por mucho tiempo de que la moneda china subvalorada genera una desventaja a las manufacturas estadounidenses. Pero los infortunios de la inflación china cambian la dinámica. Como los bienes chinos se hacen más caros, mejora la "competitividad relativa" de los productos estadounidenses[10].
Los consumidores estadounidenses también se preocupan por la alta tasa de inflación de China. Con el alza de precios en ese país, las empresas estadounidenses que hacen bienes allí sentirán la presión y pasarán los aumentos a los consumidores estadounidenses.
En la India, donde los precios de los alimentos impulsaron la inflación en buena parte de 2010, las expectativas eran que una sólida cosecha de arroz y otros productos básicos amenizara la presión. Pero los datos más recientes del gobierno muestran que la situación de los alimentos no fue resulta y la inflación aumentó. Algunos economistas dicen que la Reserve Bank of India que ya elevó las tasas de interés seis veces en 2010, va casi ciertamente a aumentarlos a fines de este mes. La previsión es que la economía india crezca 8,75% el año que termina el 31 de marzo, según el Fondo Monetario Internacional.[11] Los alimentos representaron 47% de la canasta de productos que componen el índice de precios al consumidor de India y 34% de la de China.[12]
En Rusia, las sequías hicieron que los precios del trigo se dispararan y derrumbaron la meta del gobierno de mantener la inflación en la franja del 6 a un 7% en 2010.  Rusia cerró el pasado año con una inflación del 8,8%, una décima por encima de la anterior estimación preliminar. El rally alcista en el mercado internacional alimentario es, a juicio de expertos, el principal factor que acelera la subida de los precios de consumo en el país. 
La esperada recuperación de la economía estadounidense –por los cálculos del Federal Reserve (Fed), que debe quedar entre 3 y 4%, tiende a empujar los precios de las materias primas, atenuando el efecto de reducción de la demanda por parte de China. Por otro lado, si la economía estadounidense crece, lo natural es que el dólar suba  los precios de los commodities caigan. Pero tenemos que considerar que, aún si desacelerara, la expansión de la economía china aún será muy fuerte. Además de eso, hay un proceso inflacionario por las alteraciones climáticas, como por ejemplo, lo que ocurrió con las inundaciones en Australia. Nuevos datos del gobierno británico mostraron que la economía no creció en el cuarto trimestre pese a que la inflación se aceleró. Eso genera la posibilidad de que haya una estanflación —alta inflación y bajo crecimiento— como la que golpeó a Gran Bretaña en los años 70.
            El gobierno brasileño, por su parte, se colocó en una encrucijada.  Las preocupaciones por un aumento en los costos de los servicios tras la mayor expansión económica en 24 años, además de crecientes precios de los alimentos, han tomado un rol central en las últimas semanas y el índice Índice Nacional de Precios al Consumidor Amplio (IPCA) cerró el 2010 en un 5,91 por ciento, su mayor nivel en seis años. La valorización del real ayuda a administrar la inflación con importados, destruyendo parte de su industria. El aumento de los intereses para disminuir la inflación atrae más capital especulativo y aumenta la presión monetaria. El control de los flujos financieros es útil, pero coloca en riesgo el balance de pagos cuando acumulamos déficits externos elevados. El crecimiento cae, restando saber que acontece con la inserción internacional del país.
            El nuevo gobierno enfrenta una enorme desventaja en relación a los últimos cuatro años de la administración Lula. Tendrá que atacar la inflación sin contar con el efecto “achatador” que la valorización del cambio ejerce sobre los precios ni con la persistencia de los bajísimos índices de inflación en los países ricos[13].  Los economistas prevén que el referencial IPCA treparía un 5,42 por ciento este año.
            Con tantas variables, el futuro de las commodities es un gran punto de interrogación en las meses de operaciones y en los gabinetes de los gobiernos. No olvidemos de que el aumento de los precios de los últimos meses se deriva del aumento del precio de las materias primas y que esto ya sucedió de manera similar en 2008. Estamos pues ante un dilema conocido. ¿Estamos seguros de que no nos encontramos ante un cambio estructural en la relación entre los precios de las materias primas y del resto de bienes de consumo, en lugar de ante el inicio de una espiral inflacionista? Mientras tanto, los escenarios que se diseñan para 2011 deben exigir un juego de cintura de las autoridades monetarias para equilibrar el crecimiento económico y el control de precios.



[1] The Economist, “Commodity prices and global growth, Back with a vengeance”, (20/1)

[2] Globe and Mail, “Why inflation is on the radar screen”, (24/1)

[3] The Wall Street Journal, “ECB Warns on Food Supply”, (21/1)

[4] The Wall Street Journal, “Global Price Fears Mount”, (25/1)

[5] Economic Times, “Emerging markets stalked by inflation, rates”, (21/1)

[6] The Wall Street Journal, “The Real Picture of Chinese Inflation”, ( 24/1)

[7] The Wall Street Journal, “Cooking Oil's Surge Shows How Inflation Hits Chinese”, (1/1)

[8] The Economist, “Price rises in China, Inflated fears”, (6/1)

[9] The Wall Street Journal, Heard on the Street, “Is China Flying Too High?”, (21/1)

[10] USA Today, “Inflation in China may help U.S. exports”, (20/1)

[11] The Wall Street Journal, “Developing Nations Fight Inflation”, (8/1)

[12] The Wall Street Journal, “Rising Price Pressures Spur Concerns”, (26/1)

[13] Estado de San Pablo, “Como domar a inflação?”, (2/1)

jueves, 27 de enero de 2011

Plus ça change... plus c''est la même chose


El famoso epigrama del periodista francés Jean-Baptiste Alphonse Karr es perfecto para el momento actual. Tratándose de la recuperación de la economía global, Plus ça change... plus c''est la même chose, mientras más cosas cambian, más permanecen iguales. Si no estuviera el drama fiscal europeo tan en evidencia un lector distraído podría fácilmente descartar los titulares de los últimos días, creyendo que lee los diarios de tres años atrás. Alza de los precios de los commodities, choque de oferta de alimentos, elevación de la inflación global, clamores de sobre-valorización cambiaria en las economías emergentes, sobre todo a causa de la abundancia de liquidez externa… Todos esos ingredientes estaban presentes en el inicio de 2008, a las vísperas de la crisis financiera. La violenta recesión financiera los removió, temporalmente, del tope de la lista de preocupaciones de las autoridades mundiales. Sin embargo, los temas volvieron revigorizados y renovados en este inicio de 2011, sintomáticos de los alarmantes desequilibrios por detrás de la reanudación de la actividad mundial.
En el inicio de 2008, fueron los exceso del sector financiero privado de las economías avanzadas que, en conjunto con la exuberancia de algunos países emergentes, crearon las condiciones para las alzas verificadas en los precios de las materias primas y para la abundancia de liquidez, presionando la inflación, de un lado, y valorando las monedas locales, por otro. En 2011, son los excesos de los gobiernos de las economías maduras provocados tanto por la necesidad de contener el impacto recesivo de la crisis cuanto por cierta dosis de imprudencia, en combinación con una postura macroeconómica pro-cíclica semejante a la de 2008 en algunas economías emergentes, que están generando síntomas y dilemas iguales a los anteriores.
Pero, los instrumentos de política económica que están siendo usados por algunos países emergentes para enfrentar los mismo problemas de 2008 han sido un poco diferentes. Más medidas macro-prudenciales, más intervención en los mercados de cambio, menos instrumentos monetarios convencionales. ¿Por qué?
Por un lado, hay un “nuevo” contexto global post-crisis. El consenso de que las fallas en regulación hicieron al sistema financiero mundial más vulnerable, posibilitando la crisis, sirvió para enaltecer el papel de las medidas prudenciales, como atestiguan varios informes recientes de órganos internacionales, como el FMI. Esa es una razón para que instrumentos como el coeficiente de caja, cambios en los requerimientos de capital para determinadas operaciones de crédito o aún ciertos tipos de intervención en el funcionamiento de los mercados de cambio tengan hoy más relevancia y aceptación que en el pasado reciente, motivadas por la necesidad de prevenir los excesos perniciosos de liquidez y de crédito.
Por otro lado, como el instrumento convencional de combate a la inflación, la tasa de interés, tiende a acentuar el ya elevado diferencial entre los ingresos de los activos de las economías emergentes y de las economías maduras, las medidas de prudencia tienen un beneficio colateral ventajoso ahora, aunque sean un poco distorsionados. Como esos instrumentos tienen un impacto sobre la condiciones de liquidez de la economía, pueden atenuar el dilema de los bancos centrales de los países emergentes al limitar la magnitud del ahogo monetario necesario para contener las presiones inflacionarias, reduciendo el impacto sobre el diferencial de intereses que estimula las entradas de capitales y valora las monedas locales.

viernes, 21 de enero de 2011

Inflación climática

Nunca se vio tanta complicación climática con tantos productos en tantos lugares al mismo tiempo. Pero, además de las sequías e inundaciones, hay otros motivos permanentes y temporales para el alza de los precios. El trigo fue castigado en noviembre por una fuerte sequía en Ucrania y en Rusia. Y ahora es alcanzado por la inundación en Australia. Del trigo producido en Australia, un 60% fueron rebajados para ratio porque no fueron considerados apropiados para consumo humano.
La soja sorprendió a todo el mundo. Se apostaba a la caída y el producto está en alza. Además de las quiebras de cosecha, hay ahora sequía en Argentina. El maíz, como es cultivo complementario de la soja en muchos lugares, también anda con una reducción de la producción. El café enfrentó huracanes en América Central y reducción de producción en Colombia. En el algodón, hubo reducción de la producción en Estados Unidos porque los precios estaban bajos. Los problemas climáticos en Pakistán también afectaron a la caña de azúcar. Es más fácil decir que producto no tiene problemas. El arroz tiene buena producción y una oferta abundante, pero en la mayoría de los productos hay una mezcla de choques de oferta con bajos stocks.
Los bajos stocks no son eventuales. Es que hace algún tiempo la política agrícola de todos los países viene abandonando la práctica de mantener altos stocks de los productos. Es caro mantener el producto guardado. Así, cualquier choque de oferta puede producir una elevación de los precios. Este año es un extraordinario ejemplo de los extremos climáticos y como ellos producen choques de oferta. Eso se suma a la demanda creciente en Asia por todos esos productos y más la actuación de los fondos financieros en los mercados futuros de commodities. Los fondos financieros no crean tendencias, pero las aceleran. Cuando el movimiento esta en alza, la especulación se eleva más.
Sólo ese lado de las commodities agrícolas ya muestra que esta inflación no es simple. Pero no es el único factor de presión de precios. La madre de los problemas es la demanda excesivamente calentada, que hace que los aumentos de precios se esparzan. El sector de servicios anda con precios por encima del techo de la inflación hace mucho tiempo y va a continuar así. El aumento de los gastos de los gobiernos aumenta aún más la presión de la demanda.
Además de la volatilidad de la oferta agrícola, por los eventos climáticos, y de la demanda calentada en Brasil, hay también un alza en los precios de los commodities metálicos. El precio del acero subió más del 35% en los últimos dos meses e incrementó las presiones inflacionarias, ya alimentadas por el aumento en los alimentos y fuentes de energía. Las inundaciones en Queensland interrumpieron gravemente el suministro mundial de carbón de coque, un importante ingrediente en la producción de acero, lo que llevó a una lucha en el sector industrial para acumular acero. Como son minas subterráneas, puede tardar meses para que vuelvan a producir. Ante ese escenario, los precios del acero subieron.
La situación elevó el precio de la bobina de acero laminado caliente en Estados Unidos, referencial del mercado, en un 37% desde el inicio de noviembre, a una cotización de 783 dólares por tonelada, la mayor en dos años. El coque para entrega inmediata llegó a 350 dólares por tonelada, un 55% por encima de los contratos trimestrales, que hace sólo algunas semanas eran negociados a 225 dólares. El mineral de hierro, otro tipo de ingrediente para producir acero, avanza rápidamente en dirección a un nuevo nivel récord, con el producto referencial de entrega a China costando 178,30 dólares por tonelada, un 20% más que en el inicio de noviembre.
Las inundaciones en Queensland está dando un estímulo a los precios del acero”,Ralph Oppenheimer, presidente ejecutivo de Stemcor, una empresa de comercialización de acero. “Las personas están luchando para conseguir suministro”. El Estado australiano produce más del 50% de la oferta mundial de coque transportado por el mar, del cual dependen las siderúrgicas en Asia y, en menor grado, en Europa Occidental. afirmó
Aunque los cambios en el precio del acero tengan menos impacto inmediato sobre los consumidores que las oscilaciones en los commodities agrícolas y energéticos, el mercado del acero, que mueve 500 mil millones de dólares por año, es crucial para la economía mundial, por ser la materia prima más importante para varios productos de uso cotidiano.
Los analistas y los ejecutivos esperan que el precio del acero suba aún más debido a los continuos aumentos de los costos de las materias primas. Aunque la demanda global del acero no es tan fuerte como lo era en 2008, los traders y los analistas dijeron que los precios podrían llegar a niveles records si las fuertes lluvias de Australia siguieran interrumpiendo el suministro de carbón de coque, forzando a los productores de acero a cortar su producción.

miércoles, 5 de enero de 2011

El legado de Lula

           Ocho años que cambiaron la economía, colocaron a Brasil en la ruta del crecimiento sostenido y lo transformaron en uno de los mercados más codiciados del mundo. En octubre de 2002, en su primer discurso como presidente electro de Brasil, Lula da Silva reveló una ambición sencilla: “Necesitamos garantizar que cada hombre o cada mujer, por más pobre que sea, tenga el derecho de desayunar, almorzar y cenar todo santo día”.
            En la era Lula, casi 40 millones de brasileños dejaron la línea de la pobreza y se hicieron una poderosa clase medio consumidora. Esas personas pasaron a alimentarse más y mejor, a comprar automóviles y electrónicos, a viajar de vacaciones y a realizar el sueño de la casa propia. Brasil pasó a ser una gran voz entre los países emergentes, sentado codo a codo en los foros de poder y negocios internacionales.
            Un círculo virtuoso de distribución de renta, justicia social y crecimiento que cambió la economía brasileña y despertó la atención del mundo. Al recibir de las manos de Fernando Henrique Cardoso la presidencia, Lula asumió un país mal visto por el mundo financiero, una herencia de tropiezos económicos causados por el súper endeudamiento y por la hiperinflación en los 80 e inicios de los 90. Sus dos antecesores, Itamar Franco y FHC, consiguieron domar el dragón de la inflación con el Plan Real, pero el rescate de la confianza internacional plena sólo acontecería en el gobierno de Lula. ¿Ironía del destino?
            Lula reconquistó la credibilidad global. Él mismo era visto como una amenaza seria a la estabilidad económica y, en el ejercicio del poder, se reveló su mayor defensor. Lula acabó con el riesgo Lula. En vísperas de las elecciones de 2002, el llamado riesgo-país (termómetro que mide la confianza de los inversores en la capacidad de una nación de honrar sus pagos) medido por el banco J.P.Morgan alcanzó los 2.436 puntos, equivalente al índice de países como Pakistán y Burundi. Hoy, el escenario es el extremo opuesto. Gracias al mantenimiento de los pilares macroeconómicos construidos en los años de FHC y de la reducción de la deuda pública en proporción del PBI (ver gráfico), el riesgo-país llegó a los actuales 174 puntos. 

          
El rescate y el mantenimiento de la credibilidad externa son contemplados como el mayor legado de Lula para empresarios y hasta adversarios políticos. Lula deja la consolidación de una política económica responsable. Brasil es hoy uno de los principales destinos de inversiones extranjeras. La entrada récord de dólares abrió camino para el aumento de las reservas internacionales, que saltaron de 37,8 mil millones de dólares en 2002 a casi 285 mil millones de dólares. En el camino inverso, el dólar cayó de 3,94 reales a menos de 1,70 reales. El equipo económico de Lula, liderado por Guido Mantega en Hacienda y Henrique Meirelles en el Banco Central, hizo que el país quedara menos endeudado.
            La relación deuda/PBI cayó del 60,6%, en 2002, a un 40%, en 2010. La tasa de intereses reales (además de la inflación) descendió siete puntos porcentuales. El crédito, una de las locomotoras del crecimiento, aumentó en 20 puntos porcentuales y quedó próximo a un 50% del PBI. En un positivo efecto cascada, el crecimiento del PBI deberá aproximarse al 8% en 2010, casi tres veces superior a la media del 2,6% de los cuatro años anteriores. Todo eso creó un campo fértil para el avance de la nueva clase media.
            Más que mantener intacta la herencia monetaria del Plan Real, Lula capitaneo una revolución de consumo que hizo del mercado doméstico la gran razón para atraer inversiones locales y externas y escapar más rápido de la gran recesión global de 2008.

hernanfpacheco@gmail.com